7 recompensas que la visibilidad me ha dado
Si vamos a hablar a calzón quitao’ de lo que cuesta la visibilidad, también tenemos que hablar de lo que regala cuando por fin empiezas a ser TÚ.
¿Ser o no ser visible? Esta pregunta me ha perseguido durante los últimos ocho años.

Entonces sonó el teléfono: era mi amiga Ana, con la idea de Her Wisdom Era. ¡Tan sabia ella! Si estás leyendo esto, probablemente ya sabes cómo llegamos a crear este espacio tan hermoso. Desde entonces, hemos lanzado dos episodios de nuestro podcast.
En el episodio dos, María Hinojosa nos regaló diamante tras diamante. Como dice mi querida amiga Anja: “Nena, les dio como 10 citas billboard-worthy.” De todo lo que compartió, hay algo en lo que no puedo dejar de pensar.
Pero antes de llegar ahí, déjame contarte lo que estaba pasando ese día en que grabamos el episodio. Mi hija había estado enferma tres noches seguidas, lo que significa que yo estaba sin dormir, cranky AF, agotada, frustrada y sintiéndome pequeña. Literal pensé: ¿qué ganas tengo yo de estar frente a una cámara hoy? ¿De verdad tengo que hacer esto otra vez?
Y entonces María empezó a hablar.
Nos contó que su hija, una vez, la miró y le dijo: “Mamá, yo no necesito a María Hinojosa”. Te necesito a ti. Y luego su hijo Raúl añadió su propia versión de esa misma verdad: que hubo momentos en que Suave (el protagonista del podcast que le ganó el primer Pulitzer a María) la llamaba desde la cárcel y María dejaba de hablar con su propio hijo para atender la llamada. Dos hijos, dos momentos distintos, un mismo mensaje: la María detrás de la figura pública, la mamá, es la que de verdad necesitamos.
Me quedé con eso durante mucho tiempo después de que grabamos. Esa noche por fin dormí bien. Porque yo conozco ese sentimiento, no a la escala de María, pero lo conozco. Sé lo que es haber pasado años construyendo una presencia, una voz, una versión de ti misma que el mundo puede ver y consumir, mientras las personas más cercanas a ti esperaban que simplemente regresaras a TI.
¿Sería el ego?
La visibilidad es algo que nos han enseñado a perseguir. Especialmente las que trabajamos en los medios. Publica más, aparece más, sé más, llega a más gente. Que si eres influencer, que si no te ven, se olvidan de ti, que si stay relevant.
Y en algún punto de esa persecución sin pausa, muchas dejamos de preguntarnos qué nos estaba costando realmente todo eso. El precio que pagamos por mantenernos “relevantes.” Ese momento llega cuando miras a tu alrededor y te das cuenta de que la mayoría de las personas en tu entorno se sienten más como una transacción que como una conexión de verdad.
María lleva casi cuarenta años entrando a cuartos donde nadie esperaba que se quedara, siendo la primera latina en NPR, construyendo Futuro Media desde cero en Harlem, ganando un Premio Pulitzer y, aun así, cargando con esa conversación interna tan perpetua sobre lo que significa ser visible de verdad. Ah, y lo que te exige sin compasión cuando, además, eres madre, esposa y una mujer que, como ella misma dijo, todavía está tratando de entenderlo todo a sus 60 años. Ni siquiera el montón de premios resolvió esa tensión.
Lo que la salvó (y la sigue salvando) fueron los “no” que todavía le llegan de vez en cuando y de cuando en vez.
Tenga. Pa’. Que. Se. ¡Entretenga!
María me hizo sentir libre. También me hizo sentir vista. Porque, aunque sé que decirlo aquí puede sonar contradictorio, me dio el valor de decir ciertas cosas en voz alta. Por ejemplo, siempre he tenido una relación de amor y odio con las benditas redes sociales. Y entonces ella dijo: “Las cosas que realmente conectan con la gente nunca son los momentos planeados y pulidos. Son los no guionizados, los del aeropuerto con el pelo recogido a las malas, reaccionando en tiempo real a algo que me acaba de romper el corazón. La autenticidad no se programa.”
La versión calculada de la visibilidad, esa donde mides lo que muestras, cómo lo enmarcan y qué reacción puede generar, nunca va a aterrizar de la manera en que lo hace lo real. Lo sin filtro.
Entonces hice lo que hago siempre que me pongo boba: una lista. Porque si vamos a hablar con honestidad de lo que cuesta la visibilidad, también tenemos que hablar de lo que regala, pero solo cuando empiezas a ser tú misma. O más real que Anuel AA, como dice Mami.
Cuando hay ego… ¡mejor llama a un amigo!
Las recompensas que la visibilidad me ha dado (hasta ahora):
1. La gente deja de actuar contigo. Cuando tú dejas de actuar, pasa algo casi milagroso: las personas a tu alrededor se relajan y cooperan también. Tus amigas te empiezan a mandar mensajes con lo que de verdad está pasando. La autenticidad es contagiosa.
2. Descubres quiénes son tus personas de verdad. ¡UFF! Esto puede doler. Y sí, alguna te va a sorprender. Tu comunidad real, tus amigas de verdad, siempre estuvieron ahí; solo esperaban que dejaras de aparecer como la versión curada para poder alcanzarte por fin.
3. ¡Al carajo la impostora! No porque hayas conquistado el miedo que viene con ese síndrome, seamos honestas, sigue apareciendo de vez en cuando, sino porque dejaste de pretender que no lo tienes, y resulta que eso es la mayor parte del trabajo.
4. Dejas de gastar energía en cuartos que nunca fueron tuyos. Esta recompensa es HUGE. Te das cuenta de que no estabas agotada por hacer demasiado, sino por hacer demasiado en los lugares equivocados, para las personas equivocadas, en el idioma equivocado. La visibilidad sin alineación es solo un camino más largo hacia ningún lado. Es energía dispersa.
5. Lo que realmente dices empieza a aterrizar. La gente te entiende. Esa versión tuya del aeropuerto, con el pelo mal recogido, medio frustrada, completamente tú misma, esa versión imperfecta empieza a tener sentido para el mundo.
6. Por fin puedes dejar de pretender que no te costó nada. Pasaste años absorbiendo el costo de la visibilidad sin nombrarlo. Te trajo soledad, ansiedad y relaciones que recibieron menos y más de ti de lo que merecían al mismo tiempo. Nombrarlo te da la libertad de hacerlo diferente. Ponle nombre y apellido.
7. Ser vista empieza a sentirse como descanso, no como trabajo. Y ese es el regalo que estoy aprendiendo a recibir a través de mi trabajo en Her Wisdom Era, junto a la única mujer con la que querría hacer esto, Ana. Cuando la visibilidad deja de ser una actuación y se convierte en una verdad, dejas de sentirte vacía. Empiezas a sentirte más TÚ.
Lo que María compartió con nosotras se va a quedar conmigo por mucho tiempo. Nos dijo que todavía habla con su terapeuta sobre cómo manejar la tensión entre la persona pública y la mujer privada. Que todavía la asusta un poco. Y que si ser pública y estar disponible resultan en más amor y más seguridad para otras latinas, ella está dispuesta a seguir haciéndolo. ¡Eso es sabiduría! Conocer el precio y aparecer de todas formas, porque la razón es más grande que la incomodidad.
¡BOOM!
Y eso es exactamente lo que Her Wisdom Era nos está pidiendo a todas, empezando por mí. Abrirnos a las posibilidades que la visibilidad puede traer y vivir este midlife con alegría y libertad, aunque dé miedo, y luego decir la verdad sobre cómo ha sido el proceso.
Con semejante lista de regalos, al final vale la pena ser visible.
¿Seguimo’?
Mucho love,
Cristy




